Yako vivía en un hogar con una pareja, seguramente feliz. Un día su dueño falleció, y después su dueña tuvo que ir a vivir a una residencia de ancianos. Y el servicio social nos solicito ayuda para Yako.
Yako , no entiende nada, no entiende por qué está en la protectora, no entiende por qué le ladran tantos perros, no entiende por qué le han abandonado y no le vienen a buscar. El siente mucho miedo y tristeza y se esconde en su caseta, mostrando en la mirada unos ojos tristes y llenos de miedo.
Sin embargo, cuando te acercas y le ofreces mimos y atención se relaja un poco y se deja acariciar agradecido, incluso hace el ademan de jugar. Sin ninguna agresividad.
Esperamos que evolucione pronto y se liberarse de su tristeza y muestre libremente su buen carácter que creemos que tiene, cariñoso y juguetón